Vuelta a la rutina con la Tabla de Recompensas + SORTEO

La Tabla de Recompensas es la herramienta perfecta para que los peques de la casa aprendan y se acostumbren a hacer sus tareas, sobre todo a la vuelta de vacaciones que a todos nos cuesta un poquito más volver a la rutina.
Está pensada para dos niños, para que cada uno tenga su propia puntuación, pero puede usarla solo uno.

La tabla cuenta con 11 tareas y 9 recompensas. 70 estrellas para señalar los logros y un rotulador con borrador para que podáis escribir los días de la semana, sus nombres y las estrellas que deben conseguir para obtener la recompensa.

Durante la semana, los niños irán colocando sus estrellas a medida que cumplan las tareas asignadas.

¡Si al acabar la semana han cumplido el objetivo marcado tendrán su recompensa!

¿A que es chulo?
Pues si queréis probarla, esta es vuestra oportunidad, porque tenemos un SORTEAZO en marcha 😀

Para ganar una Tabla de Recompensas solo tenéis que:
1. Darle like a nuestra página de Facebook
2. Poner en los comentarios de la publicación cual es la rutina que más les cuesta a vuestros peques.
3. Compartir la publicación de forma pública en tu muro para que tus amigos también puedan participar.

Tenéis hasta el día 4 de octubre para participar y el jueves 5 anunciaremos el ganador.
¡Suerte!

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¿Sabes lo que es el ‘underparenting’?

Si eres uno de esos padres que a veces no se da cuenta y se pasa de protector con sus hijos, puede que te venga bien saberlo.

La «hiperpaternidad» es una tendencia que empezó a verse a principios de este siglo en EEUU y que hemos ido adoptando poco a poco en España. Lo que caracteriza este tipo de paternidad con comportamientos en los que los padres exceden la protección respecto a sus hijos, y les dedican una atención desmedida.
Y si para los padres es agotador, a los hijos puede provocarles graves trastornos en el crecimiento.

¿La solución? El «underparenting». Básicamente, no hacer tanto caso a los hijos, dejarles a su aire y observarles. Dejar que jueguen solos, que se aburran, que se equivoquen e incluso que hagan cosas peligrosas (siempre con precaución claro está).

Podemos ayudarles con los deberes, claro que sí, pero tienen que saber que pueden hacerlo solos. Tenemos que entender que no pueden hacer todas las tareas en la casa, pero hay que enseñarles a colaborar y a asimilar el orden desde pequeños.
De lo contrario, cuando crezcan seguirán buscando nuestro apoyo, y tendrán dificultades para valerse por sí mismos.

Es necesario fomentar la autonomía y la tolerancia a la frustración para ejercitar la resilencia (capacidad para recuperarse ante los problemas). La sobreprotección hace que no se ayude a afrontar los miedos, lo que puede desembocar en fobias. La educación consiste también en ayudar a los hijos a desarrollarse como personas. Necesitan formar su carácter, adquirir capacidad de esfuerzo, empatía y tolerancia a la frustración.

Dejarse ganar suena demasiado bien

Es inevitable, nos ponen ojitos y les vemos con tanta ilusión que no podemos decir que no. Y antes de que nos demos cuenta estamos poniendo una cara de profundo sufrimiento fingido y soltamos esa frase de ‘vaya, me has ganado’.

La sonrisa en la cara de los niños es inmediata, y seguido viene la nuestra por verles tan felices. Pero, ¿estamos haciendo bien dejando ganar a nuestros hijos?

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Cuando un niño se acostumbra a ganar, el momento de enfrentarse una derrota puede ser catastrófico. Lo más normal es que no la acepte, tenga una rabieta y se ponga algo violento.
En estos casos, los psicólogos aconsejan que la violencia no debe admitirse bajo ningún concepto y es mejor corregirla de inmediato. Educar a los hijos en la frustración es clave para su desarrollo, y deben entender que no siempre van a ser los ganadores y que no todo en la vida sale bien. Y no pasa nada.

La película de Pixar ‘Del revés’ (‘Inside Out’) nos da unas claves sobre lo importante que es la tristeza en la vida de las personas, tanto adultos como niños; y cómo los sentimientos negativos cumplen un papel importante en nuestra felicidad y en cómo nos enfrentamos a los problemas del día a día.

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Por lo tanto, al jugar debemos ser honestos: ganar la partida de vez en cuando y reaccionar de manera adecuada cuando seamos los perdedores para que el niño no copie malos comportamientos. Tenemos que tener claro que somos su ejemplo a seguir, y nuestras reacciones serán las suyas.

En definitiva, es muy importante jugar de tú a tú. Pero sin ser abusones, que nos conocemos. Con Quizzers, por ejemplo, al tener preguntas adaptadas a la edad de cada jugador nadie tiene ventaja sobre nadie, y si el niño pierde o gana habrá sido en las mismas condiciones que el resto.

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Otra opción para los que se resisten a aceptar la derrota es el juego en equipo, ya que así no se interpreta como algo propio sino de un conjunto de personas y se asimila más fácilmente. Ya se sabe, mal de muchos…

La luna, el corto de Pixar que defiende enseñar a los niños a pensar

No enseñes a los niños qué pensar, enséñales a pensar por sí mismos. Esta es la moraleja del corto ‘La luna’ de Pixar, un vídeo de cuatro minutos que defiende la filosofía de caer y levantarse, y de aprender a resolver problemas por nosotros mismos para aprender a vivir.

Desde el punto de vista del aprendizaje no existe nada más desafiante que los problemas, ya que estos no solo demandan esfuerzo sino también un proceso de cambio o adaptación. Cuando nos enfrentamos a un problema se ponen en marcha todos nuestros recursos cognitivos y, a menudo, esa solución implica una reorganización del esquema mental.

Esa es la razón por la que los expertos recomiendan plantear desafíos a los niños en vez de darles siempre la respuesta. Potenciando así su capacidad de observación, de reflexión y toma de decisiones. Si aceptan una información sin pensar, no tendrá valor para ellos y su cerebro lo asimilará almacenándolo en algún lugar de la memoria sin darle mayor importancia.

En cambio, si la información requiere una solución o un esfuerzo, si tenemos que comprender por qué nos hemos equivocado, los procesos del cerebro hacen que se retenga esa información como aprendizaje. Además, la resolución de problemas les da confianza y seguridad en sus capacidades, creciendo con menos miedos.

¡Os dejamos disfrutar del corto!

Si tu cerebro se emociona, aprendes más

Un equipo de investigadores del Massachusetts Institute of Techonolgy (MIT), realizaron un experimento en 2010 colocando un sensor electrodérmico en la muñeca a un universitario de 19 años para medir la actividad eléctrica de su cerebro las 24 horas durante siete días.
Y descubrieron que la actividad cerebral del estudiante cuando atendía en una clase magistral era la misma que cuando veía la televisión; prácticamente nula. Es decir, si no se genera una emoción que active el cerebro, no aprendemos.

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En los últimos años hemos ido viendo diversos intentos por cambiar la educación y dirigirla hacia un modelo más centrado en el estudiante y en su motivación. Uno de estos intentos es la neurodidáctica, que consiste en usar los avances en neurociencia para aplicarlos a los procesos de aprendizaje. Y así, conseguir información neuronal que ayude a profesores y pedagogos a mejorar sus hábitos de enseñanza.

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Está demostrado que en casos de niños con dislexia o TDAH (Trastorno por Déficit de Atención o Hiperactividad) los problemas de aprendizaje no estaban tan relacionados con el propio síndrome sino con la metodología escolar. El 50% del tiempo de las clases de primaria en España se basan en transmitir información a los estudiantes de forma verbal, algo que en secundaria sucede el 60% del tiempo y en bachillerato casi el 80%. Y eso acaba con toda la motivación cerebral para aprender.

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Lo que determinan estas investigaciones es que para la adquisición de información novedosa, el cerebro tiende a procesar los datos desde el hemisferio derecho -el de la intuición, la creatividad y las imágenes-. Y cuando no recibe estos estímulos, sino que tiene que procesar charlas y más charlas, el aprendizaje no se activa. Pero si nos están dando un discurso, pero los gestos faciales y corporales o el contexto son llamativos, sólo con eso ya hay más posibilidad de que funcione.

Y por eso nosotros defendemos tanto el aprendizaje a través del juego y todos nuestros productos tienen componentes que ayudan al desarrollo cognitivo y personal de los niños. Pero si en las escuelas no lo cambiamos, no estaremos consiguiendo nada. El cambio es fácil: se trata de sustituir las clases magistrales por soportes visuales como mapas conceptuales o vídeos con diferentes apoyos informativos como gráficos interactivos que requieran la participación del alumno.

Es decir, olvidarnos de la memorización, de los exámenes escritos y de las clases infinitas del profesor hablando continuamente sobre el mismo tema.
Primero va la motivación, luego la atención y por último la memoria. Y esta atención y motivación se consigue en gran parte con la gamificación de la enseñanza, es decir, convirtiendo las clases en juego.

Así que, ¿jugamos?

Niños que llevan ropa diseñada por niños

A Jaimee Newberry se le ocurrió un día coserle un vestido a su hija basado en uno de sus dibujos, y desde entonces no ha podido parar. Tuvo tanto éxito que empezó a hacer negocio de ello creando la compañía Picture This.
Una marca de ropa que permite a los niños llevar puesta su propia imaginación y, sobre todo, potenciarla mientras dibujan.

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Lo único que hay que hacer para tener uno de estos diseños es entrar en su web, elegir la talla, imprimir la hoja de colorear que se nos da y dársela a los niños para que hagan magia.

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Una vez que el diseño esté completo, hay que hacer una foto y subirla a la web para que la creadora lo lleve a la realidad. Y dos semanas después, ¡tachán! tienes el vestido en casa.
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Nos parece una idea genial y sólo esperamos que aparezca la colección de niño y puedan hacerse vestidos, camisetas, pantalones y lo que haga falta.
¿Qué os parece?

Queremos que crezcan felices

Éste es el título del libro de la psicóloga Silvia Álava, en el que avisa a los padres de que los niños no necesitan un teléfono móvil para crecer felices.

Matthias Zomer Photography (MZPh) | all rights reserved

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Básicamente defiende que si nos pasamos el día protegiéndoles de los peligros de la calle, tampoco deberíamos permitirles navegar solos por Internet o usar las redes sociales sin supervisión. Por muy nativos digitales que sean, no están preparados para ello.
Bebés de año y medio que tienen su propia tableta, niños de 2 años que saben cómo acceder a contenidos de YouTube sin ayuda de nadie… ¿Es normal o se nos está yendo un poco de las manos?

Álava cree que la edad recomendada para empezar a tener móvil son los 14 años, o eso, o que pueda usarse con fines únicamente de localización del niño por parte de los padres o viceversa, y sin posibilidad de acceso a redes sociales. Eso si, debemos explicarles por qué, no se les puede prohibir sin más o decirles que es algo malo sin dar ninguna explicación. Porque todos sabemos que cuanto más se prohíbe, más se consigue que los niños hagan lo contrario.

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Nosotros pensamos que la solución es que los niños tengan menos móviles entre manos y más juegos (o las dos si juegan a Quizzers).
Y no sólo los niños, sino los padres. Cuando los padres no saben despegarse del móvil para jugar un rato con sus hijos, luego no pueden pretender que ellos hagan siempre lo mismo.

Nosotros ya os ofrecimos una solución, ¿nos olvidamos todos de los meñiques? 😉