Crecer con los cinco sentidos

Y sin tecnología. Así están creciendo los niños de la familia Boon. Y su madre, que es fotógrafa, lo documenta todo con unas bonitas fotografías que dejan ver que lo único que necesita un niño es un entorno en el que pueda jugar.

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Con lo que sea: hierba, cajas, piedras, un lago… Cualquier cosa que haga que la creatividad e imaginación de los niños se potencie. Niki Boon, su marido y sus cuatro hijos, Kurt, Rebecca, Anton y Arwen, viven en una casa de madera dentro de una propiedad de diez acres. Todo el terreno campestre que puedan imaginar para correr, gritar, y reír.

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No les han prohibido terminantemente el uso de la tecnología, ya que son conscientes de que en algún momento tendrán que usarlo, y lo que importa es que no se cree una dependencia a ella y que los niños sepan que pueden vivir sin ella y seguir pasándoselo bien.
De hecho, tienen un ordenador en el que ven películas, y juegan a videojuegos cuando van a las casas de sus amigos o familiares.

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Desde luego, el juego es mejor aliado del crecimiento de un niño y si es al aire libre y libre de tecnología, mucho mejor!

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Con las manos en el barro

Los niños tienen una atracción especial hacia los lugares sucios. Si hay un rincón lleno de pintura, van a ir a él, y si encuentran la forma de crear barro en el parque, se pondrán perdidos jugando. Y, aunque no lo creamos, esto es tan beneficioso para su salud como cualquier otra actividad al aire libre. Rebozarse en el barro, hace que se reduzcan los niveles de ansiedad de los niños y estimula su capacidad de aprendizaje, lo que en definitiva les hace más felices.

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Y esto no nos lo inventamos nosotros, los expertos afirman que existe una bacteria en el barro llamada ‘mycobacterium vaccae’ que hace que el cuerpo genere serotonina al contacto como respuesta del sistema inmunitario.
El aumento de serotonina en los circuitos nerviosos produce una sensación de bienestar, relajación, mayor autoestima y concentración. Y puede aumentarse a través de diferentes alimentos y actividades, como jugar.

Es decir, que si los niños juegan y encima lo hacen con barro, esto se incrementa. Y no sólo eso, sino que los efectos pueden durar hasta 3 semanas.
En general, contrario a lo que pueda creerse, cualquier actividad al aire libre hace que los niños gocen de buena salud porque el sistema inmunitario permanece alerta y en constante funcionamiento. Y esto es importante porque si permanecemos alejados de gérmenes y bacterias demasiado tiempo, el sistema inmunitario busca otros medios de trabajar y empieza a reaccionar por ejemplo generando alergias.

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Además, estudios demuestran que los niños que viven en el campo teniendo contacto con animales tenían menor nivel de asma que los que viven en entornos más ‘limpios’. El sol hace que se incremente la vitamina D, y la creatividad aumenta al encontrarse en un entorno sin barreras.

Vamos, que no hay que tener miedo a la naturaleza y debemos intentar que los niños no estén recluidos en casa frente a pantallas. Que igual que llorar es bueno, ensuciarse también, y no pasa nada.

¡Volvamos a jugar a las calles!

Vía: Tierra en las manos